«Hay personas que me ha dicho “no tengo hijos, no me gusta el fútbol, pero el libro me ha encantado, porque es el relato de una pasión”»

Galder Reguera. Autor del libro ‘Hijos del futbol’
Galder Regera 4

 Jon Spinaro. Es posible que haya mucha gente, sobre todo en Bizkaia, que piense que Galder Reguera trabaja en la mejor empresa del mundo. No es para menos, es Responsable de Responsabilidad Social Corporativa de la Fundación Athletic club, lo cual hace que gran parte de su vida gire en torno al fútbol, su gran devoción. Pero aunque no fuera así, aunque tuviera cualquier otro empleo en cualquier otra empresa, el fútbol seguiría siendo su gran pasión, esa que heredó de su aitite, con quien acudía junto a su primo cada 15 días a San Mamés para ver a su Athletic, una cita que se convertía en el mejor momento del mes. En La Catedral se le inoculó el virus por este deporte y hoy en día comparte esa misma pasión con si hijo Ohian, de siete años, con quien disfruta de sus primeras vivencias con el balón y mantiene emotivas charlas en torno a lo que el pequeño ha ido descubriendo y sintiendo, reviviendo muchos de los pasos por los que él mismo ha ido pasando a lo largo de su vida en su relación con este deporte.

Fruto de esos diálogos, ilusiones y experiencias vitales nace “Hijos del fútbol”, un libro que no se debe encuadrar como una obra sobre fútbol o sobre la relación entre padres e hijos. Es libro sobre una pasión, la misma que puede sentir un pintor por su obra, una aficionado a la música por una melodía o un montañero por alcanzar una cima.

Hay un momento de su libro en el que dice que “los buenos libros de fútbol son aquellos que en realidad hablan de quienes intentan jugarlo, de quienes sueñan con hacerlo. Los buenos libros de fútbol tiene por tema la cuestión más importante de toda creación: el hombre, el ser humano”

Para mí sí, porque aparte del juego, si el fútbol te gusta como espectador no es sólo por una cuestión que se refiere exclusivamente a lo que pasa en un partido, te gusta porque lo que se está poniendo sobre la mesa, que en realidad son historias, son relatos. De hecho cuando llevas a alguien a un estadio y no le gusta mucho el juego, la manera que tienes de involucrarle es contándole las historias en torno al juego y sus protagonistas, y le implicas con ello. Con los libros pasa lo mismo, hay tres tipos de libros sobre fútbol, los que hablan solamente de ello; los que tratan sobre técnica o estrategia, o historia y datos; y luego hay una tercera vía que son los que utilizan el fútbol como un marco en el que contar una historia, y aquí es donde este libro intenta tener un pequeño lugar.

No deberíamos por, tanto, encasillarlo como en un libro exclusivamente deportivo sino como de personas y sus sueños, logrados o no.

Como lector son los libros que más me interesan, porque son historias de personas. Hay una cosa que es muy injusta con los libros de fútbol y es que se entiendan como libros exclusivamente deportivos. De hecho, cuando barajé el título pensé en no incluir la palabra fútbol en el título. El título con el que más contento estaba yo era “3 de azul”, que era el número de mi hijo en su camiseta, de color azul,  y de su entidad como futbolista, la de un niño que se llama Ohian, entidad que adquiere cuando en un momento de un choque el árbitro le llama “tú, el 3 de azul”. Pero luego manejé éste, que me lo facilitó Sergio Cortina, escritor y amigo mío, porque hace referencia a un marco más amplio, el anterior sólo se refería a él, a Ohian, y este a todos los lectores. De todos modos me daba miedo que se viera como un libro sólo de fútbol y, de hecho, la mayoría de las reseñas han aparecido sobre todo en secciones de deportes y sigue siendo difícil que un libro de fútbol se haga hueco en una sección cultural, quedando recluido como un libro de género deportivo.

Se sigue considerando que fútbol y cultura no pueden ir de la mano ¿Es esa una lucha con la que es difícil pelear?

España no es un buen lugar para que se considere un libro sobre fútbol porque no ha tenido muy buena fama históricamente, y aunque salió del armario de la intelectualidad hace tres décadas, aún se sigue arrastrando eso.

Hay quien mantiene la postura de que el fútbol embrutece, sin tener en cuenta toda la aportación positiva que, por ejemplo, puede darle a la formación humana de un crío.

Sí, pero más allá de eso, a mí me interesaba expresar cómo es el ámbito de relación. Mi hijo tiene ahora siete años, cinco cuando empecé el libro y la diferencia entre otros ámbitos, como la literatura es que los dos leemos pero cosas distintas y con lenguajes diferentes, pero sí podemos hablar del partido del domingo. Es un punto de relación entre padres e hijos que los dos tenemos porque cuando son pequeños los dos vemos el mismo partido, es un consumo cultural que tenemos, no al mismo nivel pero los dos juntos, mientras que en otros ámbitos como el cine o la literatura nos movemos en ámbitos diferentes. A mi me gusta la idea de que el fútbol es un ámbito de relación entre personas y cómo yo heredé el amor por el fútbol de mi aitite, que era la persona a la que más quería, y de cómo iba con él a San Mamés. Es rememorar cómo recibí pasión por el fútbol de él y qué es lo que pasa con mi hijo.

Que es algo parecido…

Sí, es muy parecido, cuando vamos al campo vamos juntos y vivimos el partido junto, esa es la idea.

¿Es el fútbol una pasión que se transmite y aflora en los hijos aunque uno, a veces no lo haga deliberadamente?

Es algo como cuando un amigo te dice que puede hacer para que su hijo lea y yo le respondo “¿Cómo va a leer si tu no lees?, es imposible”. Para que tenga una pasión por algo tiene que compartirla con alguien que sienta lo mismo y en el caso del fútbol es difícil que mis hijos no sean futboleros cuando a mi el fútbol me invade el 90% de mi día a día. Yo trabajo en el fútbol pero aunque no lo hiciera también lo invadiría porque al final es mi mayor pasión, y creo que lo normal es que se acabe contagiando.

¿En algún momento le llegó a preocupar que esa pasión pudiera llegar a convertirse en obsesión o fanatismo?

Lo que me daba miedo es que le pasara lo que a mí. Yo era muy futbolero de niño, era muy apasionado, no podía pensar en otra cosas, era muy doliente… eso me afectaba muchísimo y me daba cierto miedo que le pudiera pasar igual. A veces, por ejemplo, me pregunta por qué tenemos que ser del Athletic…

¿Y cuál es su respuesta?

Que no tienes por que ser del Athletic, tienes que serlo si quieres. Yo no quiero que lo sea por una imposición paterna, me parecería una falsificación del sentimiento, yo lo que le explico es que los del Athletic quizás no sean los mejores, pero yo tampoco soy el mejor padre, seguro que hay alguno mejor, más guapo, más rico, que pasa más tiempo con sus hijo, pero… ¿tú te irías a otra familia con todo el dinero del mundo y donde no te van a prohibir nada? Su respuesta es siempre “no, me quedo en casa”. Pues el Athletic es nuestra casa y para mi esa es la idea que tengo de ser del Athletic, y eso sí que te puede transmitir esa enseñanza: tu familia no es perfecta pero es la tuya. Esa es la idea que yo le intento transmitir

¿Y cree que lo ha conseguido?

Yo creo que por ahora más o menos lo tiene claro.

En este libro, como en la obra de James Ellroy, también hay rincones oscuros, por ejemplo su etapa de niño en la U. D. San Miguel.

Los recuerdos que tienes hay que ver hasta que punto son reales. Creo que los recuerdos de la infancia no son un reflejo de la realidad, sino de lo que tú sentías en ese momento y para mí, el entrenador de aquella época era un cabronazo desde la perspectiva de un crío de 8 ó 9 años, pero si en este momento estuviera con él seguramente me diría las razones por las que nos gritaba y ahora pensaría que no era tan malo. Tenía la posibilidad de llamarle a él y algunos conocidos de aquella época, pero no quería hacer una recuperación de los hechos sino quedarme con esos recuerdos de esos días que te marcan mucho, aunque algunos no he querido meterlos porque podrían ser injustos con él. Un día me encontré con un entrenador que no fue el mío pero que era de esa misma época y la explicación que me dio fue que “éramos my  duros, pero eran los 80”. Ahora me tranquiliza cuando veo algún entrenamiento de mi hijo comprobar que sí que se les exige, pero que todo es mucho más amable. Aquello era supervivencia, pero era igual que en la escuela.

Son recuerdos que quedan marcados para siempre.

Sí, yo me llevé de pequeño muchos disgustos y hubo momentos en los que lo pasé muy mal y que llevaron a dejarlo y a no jugar más. Es como un primer ámbito de la vida en el que te empiezas a enfrentar a la idea de que en el mundo no vas a llegar a ser lo que quieres.

Como, por ejemplo, el día que descubres que no vas a ser futbolista profesional

Sí, y lo descubres muy pronto. Esa idea es un poco dura. En mi hijo lo vi cuando el otro día me dijo que en el patio no le han puesto en el grupo de los buenos. Pero es también una enseñanza que puede ser buena, por ejemplo siempre te queda la opción de hacer otro equipo, y si te gusta el fútbol pelea por estar. Yo una de mis conclusiones particulares que he sacado al escribir el libro es que yo no tengo tanta pasión por el fútbol como juego porque no insistí lo suficiente. Puedo tener pasión como futbolero, pero probablemente más de grada. En realidad el fútbol tiene tantos niveles que siempre puedes jugarlo, hay gente de 40 años que juega en tercera y sigue con la pasión por el juego y por lo que se vive en el vestuario. Yo es lo que quiero que tenga mi hijo con el fútbol es eso, pasión por el juego.

¿De todos esos ámbitos de los que hemos hablado, dónde sale finalmente la idea de escribir el libro?

Yo empecé a escribirlo porque empecé a tomar notas de lo que me decía el enano, porque es muy futbolero y te empieza a contar cosas que me gustaban mucho y que luego tienen muchos reflejos en la realidad. Las empecé a coleccionar y me di cuenta que la mayoría eran cosas de fútbol y que me hacían recordar cosas que yo había vivido cuando era pequeño. En un momento me pareció una buena idea comparar las dos cosas, mi experiencia de crío con la suya viéndola yo como padre. A partir de ahí empezó a coger forma sin que tuviera todavía la idea de hacer un libro. Cuando terminé se lo enseñe a tres amigos que me dijeron que les había gustado mucho y que debía hacer con ello un libro, pero eran gente que me conocen a mi y dos de ellos al niño y me daba mucho miedo que se quedará en una colección de anécdotas. Pero se lo pasé a un amigo editor y fue él el que me dijo que le había gustado tanto que se lo envió a Malpaso y ellos me dijeron que lo querían publicar.

Finalmente, el libro se acabó publicando y ha alcanzado una repercusión que no sé si era la que imaginaba.

El día anterior a su publicación tuve mucho miedo, miedo de que no se entendiera… Ahora, la mayoría de los feedback que recibido es de gente que te comenta que en alguna cosa se han sentido identificados, bien en esa pasión por el fútbol o en la relación padre hijo. Luego me han hecho sentirme muy bien algunas personas que me ha dicho “no tengo hijos, no me gusta el fútbol, pero el libro me ha encantado, porque es el relato de una pasión”. Eso quizás haya sido lo mejor

 

HIJOS DEL FÚTBOL. GALDER REGUERA , 2017

Nº de páginas: 208 págs.

Precio: 15,00 euros

Encuadernación: Tapa blanda

Editorial: LOS LIBROS DEL LINCE

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788494712685

 

 

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